Cuantas veces ha oído esa voz, sólo que hoy parece distinta, más ronca. Es como si llegara de lejos, de un lugar que tal vez ella nunca ha visitado. Donde se llega sólo cuando nos sentimos solos, demasiado solos. Y allí la voz ya no sirve, porque no hay nadie que nos escuche.
Me estremezco al darme cuenta de lo fácil que es equivocarse con las personas, de lo sencillo que es quedarse con una parte insignificante de ellas y confundir esa parte con el todo, de lo poco que cuesta mezclar las causas con las consecuencias y al revés.

Ojala todo fuese tan fácil como dejarse llevar y bailar, pero nadie desayuna con diamantes y nadie vive romances inolvidables.
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